domingo, marzo 04, 2007

PLAN URBANO AMBIENTAL: POR UNA DISCUSION SERIA

Diario CLARIN

EDITORIAL
El Plan Urbano de Buenos Aires

Comenzó, en la Legislatura porteña, el tratamiento del Plan Urbano Ambiental, un instrumento clave para la definición del perfil de la Ciudad de Buenos Aires.La carencia de este instrumento ha dejado librado el espacio urbano a tendencias e intervenciones marcadas por intereses y miradas unilaterales. Con disposiciones caducas, con pautas de zonificación cuestionables, el espacio público porteño corre el riesgo de que se agudicen sus problemas y no se incrementen cambios positivos para la calidad de vida de los habitantes y de los millones de personas que transitan por la Ciudad. Así, en los últimos dos años se pidieron autorizaciones para edificar más de dos millones y medio de metros cuadrados. En su enorme mayoría, se trata de edificios para vivienda, los cuales se concentran en pocas áreas urbanas. Ante esto, los especialistas han planteado la necesidad de que se evite un desarrollo caótico; también señalaron que deben realizarse inversiones para mejorar los servicios y revitalizar zonas postergadas. En este contexto, el Plan Urbano Ambiental debe merecer un tratamiento legislativo riguroso, a fin de que pueda constituirse en el modelo que regule de un modo racional el desenvolvimiento de Ciudad.El Plan Urbano Ambiental es necesario para orientar el desarrollo de la Ciudad de Buenos Aires, la cual corre el riesgo de quedar a merced de tendencias e intervenciones unilaterales y fragmentarias.

ARRASAN CON EL PATRIMONIO URBANISTICO

Donde está el baldío, había una casona vieja en la calle Pedro Goyena


Diario LA NACION




Se tiran abajo en la Capital dos casas y media por día

Es para levantar edificios; faltan terrenos

La Capital perdió por lo menos dos casas por día durante 2006. El crecimiento de la construcción inmobiliaria, pese a la veda en seis barrios porteños para la edificación en altura, que finalizará el jueves, y la escasez de terrenos aptos para levantar torres, entre otros factores, determinaron que la demolición se incrementara hasta casi un 60% en tres años. Y el sector asegura que se está ante un récord histórico. Según la Cámara de Demoledores y Excavadores de la Argentina, más de 750 casas y galpones fueron tirados abajo el año pasado, cifra que seguramente es mayor, ya que existen otras firmas que realizan esas tareas y están fuera de este organismo, además de las que se hacen por medio del trabajo en negro. De hecho, la Dirección General de Fiscalización de Obras y Catastro del gobierno porteño recibió 1064 pedidos de autorización de demoliciones de viviendas bajas en la ciudad. “En todo 2006, las empresas que agrupa el sector demolieron en la Capital y en el conurbano un promedio de dos casas y media por día para levantar edificios y emprendimientos comerciales. Si bien la veda para construir torres en seis barrios de la Capital frenó un poco las demoliciones en los últimos meses, el año pasado fue uno de los períodos en que más se trabajó", sostuvo a LA NACION Miguel Ippolito, presidente de ese organismo. "Ha crecido mucho la actividad impulsada por la gran demanda inmobiliaria, ya que muchos invierten en ladrillos", agregó. La Capital cuenta en estos momentos con algo más de 30.000 edificios de más de cinco pisos, según los datos oficiales, mientras que durante la última década se redujo casi un 30% el total de viviendas bajas en la ciudad. Según el mapa de las demoliciones porteñas, las zonas de la Capital donde más se derriban viviendas bajas son La Imprenta, Palermo Hollywood, Caballito, Villa Devoto y Villa Urquiza. "El barrio de Barracas también es muy buscado por los capitales inmobiliarios, pues es una zona de expansión y de nuevos emprendimientos", aseguró Ippolito. La preocupación del organismo que agrupa a casi todas las principales empresas de demolición de la ciudad es la gran cantidad de obras que desarrollan empresas que no cuentan con la autorización o que emplean trabajadores en forma irregular. "El trabajo en negro que está tomando el sector es nuestra mayor preocupación. Por eso queremos lograr una matrícula y un registro para que se anuncien en los carteles de las obras y así poder llevar un control efectivo", sostuvo Ippolito. El sector también reclamó ante las autoridades porteñas y nacionales la disposición de nuevos lugares para depositar los desperdicios de las demoliciones, ya que en la Capital y el conurbano no hay lugares disponibles. Más superficie permitida De acuerdo con datos oficiales suministrados por la Dirección General de Estadística y Censos del gobierno de la ciudad, desde enero hasta noviembre de 2006 se autorizó la construcción de 2.704.787 metros cuadrados en toda la Capital, mientras que en todo 2005 fue 1.954.598 metros cuadrados. Carlos Sotelo, vicepresidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina (CIA) explicó a LA NACION la dinámica del boom inmobiliario. "La mayoría de los edificios que se construyeron el año pasado fueron sobre propiedades que se demolieron. Eso es por la falta de disponibilidad de terrenos que hay sobre todo en la Capital. Eso obliga a los inversores a comprar propiedades viejas", aseguró Sotelo. "La mayoría de los terrenos ocupados eran casas que habían cumplido su ciclo de vida útil, y esto incrementó la ocupación y la demanda de mano de obra. La suspensión de permisos de construcción en altura por parte del gobierno porteño fue razonable en algunos barrios, como Belgrano y Caballito, pero no en otros, como Villa Pueyrredón", agregó Sotelo. Por cierto, la prohibición de entrega de permisos oficiales de obras en seis barrios de la Capital durante 90 días, decretada por Jorge Telerman, no impidió que 2006 fuese un año en el que se demoliera la mayor cantidad de casas durante la última década.




Por Pablo Tomino


De la Redacción de LA NACION


LOS POLITICOS, UN PASO ATRAS DEL PUEBLO


Un modelo urbano que atrasa
por Ricardo Roa EDITOR GENERAL ADJUNTO DE CLARIN
rroa@clarin.com

Si no fuese porque aquí la burocracia tiene fallado el gen de la eficiencia, esta pelea por las torres no hubiera probablemente existido. El plan urbano ambiental ya lleva seis años entre papeleos y cajones y aún lo está, al menos en un sentido: espera por tercera vez ser tratado por los legisladores. De haberse aprobado en su momento, tendríamos el nuevo código surgido del plan y reglas que protegieran el paisaje de los barrios.Pero hasta tanto esto ocurra —si es que ocurre— seguirán las batallas como la de ayer en Tribunales entre vecinos de Caballito y una constructora. Si se busca entender en lugar de condenar, en este conflicto los dos tienen razón. Los empresarios compraron un terreno a un precio acorde con la torre que podrían legalmente levantar. Y los vecinos quieren evitarlo. Y ni hace falta explicar por qué.La culpa en realidad es del código actual, que permite edificios altos en zonas de casas bajas. Es actual pero tiene 30 años. Se había propuesto otra cosa: hacer una ciudad ideal, más higiénica y funcional. Diferenció así zonas para vivir y trabajar, creó las autopistas y promovió las torres como un modelo que iba a permitir jardines en las plantas bajas y viviendas arriba, más luminosas y con mejor vista. Claro que se dibujó sobre un papel que no estaba en blanco. Ya había un patrimonio urbano.Hoy se enfrentan ese modelo ideal con la ciudad real. Es un problema de convivencia. No está nada mal que haya sectores para torres: las grandes ciudades necesitan ser densas para ser sustentables. Y las torres no tienen por qué ser adefesios de cemento. Pero la ciudad también se construye con la historia.Los códigos se hacen para responder a las nuevas necesidades. Por eso deben actualizarse. El que tenemos hoy atrasa. Y más allá de algún eventual interés político, la protesta vecinal puso ese reloj otra vez en marcha.

SCHIAVI: EL DECRETO 220 NO ALCANZA...

Diario LA PRENSA, edición digital, 4 de Marzo de 2007.-

Sin pies de plomo

No existen cañerías de agua corriente ni cloacales para soportar el funcionamiento de las torres que se están construyendo y que amenazan con colapsar los servicios

El "boom inmobiliario" ayudó en los últimos años a la recuperación económica, pero como contrapartida la construcción de torres está provocando el colapso de algunos servicios, según denuncian vecinos de varios barrios de la Capital. En algunas zonas de Caballito, después de mediodía falta el agua y el sistema cloacal no da abasto. En Villa Urquiza, donde en sólo una manzana se están levantando doce edificios, muchas casas quedaron atrapadas entre las grandes moles de cemento y los estacionamientos ya no tienen plazas. Las denuncias también llegan desde Núñez, Flores, Villa Pueyrredón, Palermo y Coghlan. El gobierno porteño abrió el diálogo y promete obras por 260 millones de pesos, pero los enfrentamientos judiciales entre vecinos que protestan en las calles y las constructoras prosiguen. Los empresarios reconocen que se debe analizar el problema, pero sin violar la libertad. Para los especialistas hay un atraso de 50 años en obras de infraestructura.

MAS TORRES...

Revista FORTUNA

Los minoristas cambian bonos por ladrillos
Grandes fondos de inversión internacionales impulsaron el boom inmobiliario de la Argentina. Ahora llegan los pequeños inversores del exterior.

Por Luis Rodríguez

La recuperación económica que está viviendo la Argentina en los últimos cinco año ha creado oportunidades atractivas en el sector inmobiliario, especialmente para los inversores extranjeros, ávidos de comprar grandes superficies a bajo precio. Edificios, lotes, estancias, campos y viñedos se han convertido en el negocio preferido de los inversores internacionales que encuentran valores de mercado muy bajos respecto de las principales ciudades del mundo. Si bien en los años previos a la crisis, las inversiones inmobiliarias por parte de capitales del exterior eran prácticamente nulas, gracias a los emprendimientos que se fueron levantando a lo largo de Puerto Madero, Recoleta, Barrio Norte y Palermo los índices treparon vertiginosamente hasta alcanzar el 30% sobre la inversión total. Sin embargo, recién en el último tiempo se consolidó una nueva tendencia que va mucho más allá de la del gran inversor extranjero: igual que los títulos de deuda argentina que, en su momento, terminaron en manos de jubilados italianos, alemanes, españoles o japoneses, ahora son esos mismos "inversores minoristas" que se sienten atraídos por la rentabilidad de los ladrillos argentinos."Hoy por hoy, la Argentina les ofrece a los inversores inmobiliarios internacionales una amplia y variada oferta en inmuebles residenciales, comerciales y de pequeña escala. El país experimentó síntomas recesivos entre 1998 y 2001 que ha sido comparado con la gran depresión en Estados Unidos, a comienzos de la década del 30, y eso se reflejó directamente en el sector inmbiliario. Ahora, con un crecimiento económico anual de más del 9% durante casi cinco años consecutivos de crecimiento sostenido, el mercado inmobliario también acusa un tremendo impacto", explica Fernando Burone, director de la Maestría en Desarrollo de Emprendimientos Inmobiliarios de la Uiversidad de Belgrano, y titular de la consultoría en desarrollo de emprendimientos que lleva su nombre.
En la mayoría de los distritos de la Capital Federal y en una importante franja del conurbano norte bonaerense el precio de los bienes raíces en el mercado premium no sólo se han recuperado a los niveles de las precrisis, sino que en muchos casos es mayor que el valor anterior a la devaluación del peso. Hoy por hoy, el valor del metro cuadrado en Capital Federal se ubica entre los u$s 1.000 y 4.000, aunque hay algunas zonas donde el metro cuadrado se cotiza entre los u$s 5.000 y u$s 7.000. Igualmente, estos valores están muy por abajo de los precios internacionales, sobre todo teniendo en cuenta que la Argentina cuenta con ciudades, edificios, cultura, gastronomía, campos, áreas para explotación turística, geografía de enorme calidad, como las grandes ciudades y países del mundo. "En Madrid, el metro cuadrado oscila entre los u$s 3.000 y u$s 20.000; en Miami entre los u$s 5.000 y u$s 15.000; en Nueva York entre u$s 8.000 y u$s 50.000 y, en Hong Kong, entre los u$s 40.000 y u$s 70.000 Esta enorme diferencia que se da entre el mercado local y el internacional es irresistible para los inversores extranjeros que buscan realizar grandes negocios con la menor inversión posible", expresa. De acuerdo con datos oficiales, la Argentina mantiene u$s 160.000 millones fuera del país. Burone supone que mucho de ese capital está regresando, aprovechando las ventajas de los bajos precios de propiedades comparados con otras ciudades del mundo y que son parte de los muchos inversores que deciden comprar una casa de fin de semana, un campo, o un departamento con el único objetivo de ponerlo en alquiler. "Más aún –dice el especialista– existe un boom en la agricultura en el interior del país y con las pocas oportunidades de inversión, fuera de ladrillos y tierras, el dinero se orienta al rubro de bienes raíces residenciales. Esto está creando oportunidades".TORRES, CAMPOS Y VIÑEDOS. En el interior del país también se está reflejando esta suerte de fiebre extranjera por adquirir propiedades, lotes, campos y hasta viñedos. En Rosario el metro cuadrado se cotiza hasta 1.500, mientras que en Córdoba está en el orden de los u$s 1.300. "Hay más de 200 torres residenciales de alta calidad que se están construyendo en las principales ciudades del interior: Rosario (22 torres), Neuquén (28 torres), Mar del Plata (22 torres), Mendoza (33 torres), Córdoba (38 torres), que se están desarrollando ya sea a través de capitales extranjeros como inversores locales, especialmente de capitales vinculados con la actividad agropecuaria. En el caso de los inversores extranjeros, lo hacen ya sea para alquilarlos o simplemente pensando en que la Argentina es un lugar realmente interesante para vivir en algún momento de sus vidas. "El mercado local les ofrece una renta del 7% anual, lo cual triplica la renta en euros en bancos de primera línea internacionales europeos y duplica la misma renta en cuentas en europa en dólares, además de una plusvalía anual del inmueble", compara Burone.Además, el resurgimiento de la agricultura a partir del marcado incremento registrado en las exportaciones después de la devaluación despertó el interés de los inversores extranjeros también por campos y viñedos. "Si al por demás bajo valor internacional de la tierra, le sumamos el prestigio del vino, la ecuación perfecta para que el inversor descubra un nicho atractivo", concluye.

sábado, marzo 03, 2007

LA PROTESTA


Nueva protesta en Caballito por las torres
[28/02 20:45 ] Cientos de vecinos se concentraron en la intersección de Avellaneda y Fragata Sarmiento para rechazar la construcción de edificios.

Piden que el gobierno porteño derogue los permisos otorgados, ya que aseguran que no se respeta la fisonomía del barrio y que colpasarán las cloacas. Vecinos del barrio de Caballito se unieron en la intersección de las calles Avellaneda y Fragata Sarmiento para rechazar la construcción de torres que según indicaron los lugareños ocasionaran el deterioro del barrio dejando cada vez menos espacios libres.“Estamos en contra de las torres, ya no quedan espacios verdes en la zona y nadie hace nada2 sostuvo uno de los vecinos de Caballito quien además sostuvo que “nadie piensa en los vecinos que serán tapados por los inmensos edificios”.En tanto, otra de las vecinas solicitó que “las autoridades se acerquen para lograr un acuerdo y evitar la construcción de este edificio”.En tanto, el edificio que constará de dos torres de 25 pisos cada una será construido en una zona de alta densidad poblacional en donde, además, en las cercanías se levantará un shopping de 210 metros de frente.Sin embargo, a pesar de la negativa de la gente estas torres poseen un permiso de obra de 2001 y en ese sentido uno de los vecinos sostuvo que pedirán “al Gobierno porteño que derogue todos los permisos entregados”.En tanto, esta es la protesta número 22 que realzan los ciudadanos.
Fuente: 28 de febrero de 2007 (inforegión,eg)

EL ARQ. CESAR PELLI NOS DA LA RAZON


César Pelli El reconocido arquitecto argentino opina del auge de la construcción en la Argentina y el mundo. Dice que en las obras en altura es importante tener en cuenta la opinión de los vecinos del barrio. Elogia la devaluación de 2002 y detalla su nueva megaobra en Sevilla.

Mundialmente famoso por sus rascacielos, César Pelli, vive y trabaja desde hace tres décadas en New Heaven (Connecticut), donde está la sede del estudio Pelli Clarke Pelli Architects. A pesar de tener obras en los cinco continentes, a sus 80 años lamenta no poder tener más proyectos en su país natal: "Nuestros costos no son competitivos con los de los estudios argentinos tras la devaluación", explica el arquitecto. Acto seguido aclara que "la devaluación fue una decisión inteligente" que le permitió al país competir fuerte en el exterior. De su última visita a la Argentina rescata "la vitalidad de la construcción en Buenos Aires" y es optimista con respecto al futuro: "Tiendo a pensar que el país está organizado, reestructurado y que esta prosperidad va a durar". Sobre las actuales restricciones a las nuevas torres en algunos barrios porteños, está de acuerdo "con la participación de los vecinos en la decisión".
Fortuna: Cuando estuvo en el país el año pasado, ¿qué impresión se llevó con el resurgimiento de la industria de la construcción?Pelli: Es impresionante la vitalidad que se ve en Buenos Aires, con todas las obras en construcción y cómo se siente la prosperidad. Es tal la cantidad de turistas de la ciudad, que hasta me costó conseguir habitación en un hotel.
Fortuna: ¿Y usted cree que es una burbuja que en cualquier momento se desinfla?Pelli: Yo no sé lo suficiente de economía a ese nivel como para saber si hay una burbuja, o si en la Argentina al fin se han puesto las cosas en orden. Como soy optimista y me gusta serlo, tiendo a pensar que el país se ha organizado, reestructurado y que esta prosperidad va a durar.
Fortuna: ¿Tiene ganas de encarar algún otro proyecto en Buenos Aires?Pelli: Siempre hay ganas. Aunque para nuestro estudio de Estados Unidos, los costos nos ponen fuera de toda posibilidad de competir por nuestros aranceles.


Fortuna:¿Qué opina de las restricciones a las nuevas obras en altura en Buenos Aires, como en el barrio de Caballito?Pelli: Para mí es muy importante que estas decisiones se tomen con la participación de los vecinos, porque el crecimiento en alto se puede hacer de una manera que sea aceptable para el vecindario.


GANADOR. Por estos días César Pelli se encuentra trabajando en una torre en la ciudad de Sevilla, sobre terrenos que se utilizaron en la exposición internacional en la década pasada, con un costo de construcción de u$s 177 millones y final de obra para el año 2010. Su estudio fue uno de los dos finalistas del concurso de proyectos del Ayuntamiento y finalmente ganó, no sólo por ser el más económico, sino por rentabilidad, eficiencia y diseño. De este modo Pelli suma otra obra monumental, cercana al símbolo de esa ciudad andaluza: la Giralda, que pondrá a todo el mundo a mirar para arriba.
Fortuna: ¿Por qué ha dicho que la altura era la decisión fundamental del proyecto de la torre en Sevilla?Pelli: A todos los concursantes nos dieron una cierta cantidad de metros cuadrados, pero nosotros podíamos decidir si los usábamos todos en la torre o distribuirlos además en otros edificios más bajos. Y nuestro estudio prefirió esta última opción.
Fortuna: ¿Cuál fue el motivo?Pelli: Como el solar que ellos tenían allí era muy grande, que sería de unas tres manzanas porteñas sin subdividir pero dispuestas de una cuadra de ancho por tres de largo, la torre se emplazará en una punta comunicando todo el predio con un puente muy importante. Y para el resto del terreno proponemos dos edificios bajos, que varían en altura de dos a cuatro pisos aunque son largos y ondulantes.

Fortuna: ¿Pero al distribuir la volumetría no perdió la posibilidad de hacer una torre más al estilo Pelli?Pelli: Quizás sí, pero tiene una razón de peso. Sevilla es una ciudad muy antigua, que se ha preservado casi intacta por siglos, sin la inmensa cantidad de construcciones de otras zonas del mundo. Sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, en cientos de ciudades se ha construido muy rápido y muy mal, pero no es el caso de Sevilla que aún se mantiene baja.



Lucio Di Matteo
Fuente: Revista FORTUNA.

UN DIPUTADO NACIONAL QUE NOS APOYA

Posición del Diputado Claudio Lozano frente al problema de las torres en la Ciudad de Buenos Aires

Argumentos para el debate




Las recientes demandas de vecinos de Caballito para que se frene el proceso de construcción de nuevas torres de viviendas en el barrio, reinstala en la agenda pública el debate de algunas asignaturas pendientes de la ciudad de Buenos Aires. En primer lugar, la necesidad de una política de planificación urbana acorde a las actuales dinámicas urbanas y demandas sociales y un proyecto de desarrollo económico – territorial, capaz de darle sustentabilidad.
En segundo lugar, articular en los hechos y no en el discurso, los objetivos de gobierno con los objetivos de planificación y desarrollo.

Esta demanda vecinal explicita de manera descarnada la pugna entre intereses privados (vecinos de nivel socio económico medio y medio – alto versus desarrolladores inmobiliarios), poniendo en evidencia la fragilidad de los intereses públicos. Las causas de estos enfrentamientos pueden explicarse, entre otras razones, por el progresivo debilitamiento del Estado en materia de ordenamiento territorial y planificación urbana desde principios de los 90 frente al avance del mercado en la configuración de la ciudad.

Las sucesivas actualizaciones al Código de Planeamiento Urbano (en los años 1989 y 2000), sin la aprobación de un Plan Urbano que oriente el crecimiento, las estrategias de intervención urbana y las inversiones públicas y privadas necesarias para un desarrollo equitativo y acorde a las infraestructuras de servicios disponibles, son una prueba elocuente del debilitamiento y contradicciones de Estado local porteño.

En estos diez años de autonomía, la ciudad ha estado sujeta a procesos de modernización selectiva de la mano de la inversión privada y a profundas transformaciones urbanísticas, luego de la desregulación económica y la aplicación del modelo neoliberal.

En este periodo los sucesivos gobiernos de la ciudad no han evaluado el riesgo del colapso de las infraestructuras de servicios disponibles ni han hecho una inversión en infraestructura vial y de transporte acorde a este crecimiento. Tampoco han evaluado el impacto ambiental de este crecimiento acelerado de algunos barrios ni la perdida del stock construido de valor patrimonial histórico. La congestión del transito, la polución visual y sonora, el colapso de la red eléctrica y/o cloacal, son algunos de los efectos perversos individualizados por los vecinos.

Los resultados de esta fase de modernización, acompañadas por los cambios de la normativa urbanística (en particular el aumento de constructibilidad en determinados Distritos urbanísticos del Código de Planeamiento Urbano) están a la vista: cientos de nuevas torres de viviendas orientadas a los sectores mas solventes de la sociedad construidas en antiguos barrios cuyas principales características eran la baja o media densidad habitacional o bien en nuevos barrios, convertidos en islas de prosperidad. En la década de los ‘90 los barrios que concentraron mayor número de emprendimientos residenciales en torre fueron Belgrano y Caballito. Esta verticalización arrojó miles de nuevas unidades de vivienda a una ciudad que a juzgar por los datos censales no aumentó su población.

Luego de la crisis institucional y económica del año 2001, y superada la inestabilidad económica y financiera a mediados de 2003, la reactivación de la industria de la construcción resurge con toda su fuerza. La rentabilidad de la inversión en bienes raíces rápidamente recupera los valores y tasas de ganancia de la etapa previa a la ruptura de la convertibilidad y en muchos casos los supera. Los proyectos inmobiliarios paralizados o en espera recuperaron su ritmo, y se extendieron a otros barrios como Palermo o Villa Urquiza, sin haberse cumplido por parte del gobierno porteño, las etapas previstas en la Constitución de la Ciudad en materia urbanística y de planificación urbana. Este es el contexto que dio inicio al proceso que hoy se intenta frenar a través de las demandas vecinales. Desde esta perspectiva, reducir el debate a opositores o promotores del “progreso urbano” es erróneo. Lo que esta en discusión es cómo se asigna socialmente el espacio urbano y como se distribuyen las rentas de este selectivo proceso de valorización donde la mayor parte de los ciudadanos esta excluido.

La verticalización acelerada de algunos barrios porteños como Caballito, Palermo, Núñez o Villa Urquiza entre otros, debería contrastarse con el estancamiento y deterioro de barrios como La Boca, Constitución, Nueva Pompeya, Villa Soldati o Mataderos y el crecimiento de la población en asentamientos precarios y villas miseria de la ciudad.

La polémica medida tomada por el Gobierno de la ciudad de suspender temporariamente el otorgamiento de nuevos permisos de construcción para edificios que superen los 13 metros de altura en seis barrios porteños (Decreto 1.929), agrede los derechos adquiridos por los inversores y desarrolladores y tampoco deja satisfechas las expectativas de los vecinos.

Generar reglas de juego claras tanto para los inversores como para los vecinos que no quieren cambios bruscos en la fisonomía de sus barrios es impostergable. Esta tarea requiere poner en marcha un conjunto de procedimientos de participación ciudadana e instrumentos urbanísticos, económicos, jurídicos y fiscales que deberán ser consensuados políticamente entre todos los actores involucrados: organizaciones barriales de vecinos, ongs, colegios profesionales, especialistas, académicos, cámaras empresarias e inmobiliarias, inversores y desarrolladores, bancos y representantes de los poderes ejecutivo y legislativo de la ciudad.

La ciudad cuenta con procedimientos dentro del actual Código de Planeamiento para rever los desajustes en materia de edificabilidad. Otros procedimientos, han sido poco aplicados o subestimados: entre ellos la efectiva creación de bancos de tierra e inmuebles públicos para intervenir en el mercado inmobiliario; la aplicación conjunta de incentivos urbanísticos y medidas fiscales que desalienten la construcción en los barrios de mayor demanda inmobiliaria. Este es el caso del Área de Desarrollo Prioritario 1 prevista en el Código, correspondiente al polígono de actuación de la Corporación Buenos Aires Sur. También podrían promoverse líneas de crédito preferenciales, tanto para empresas como para ciudadanos en los barrios desfavorecidos de la ciudad; rever la política fiscal aplicando tasas de servicios diferenciales según los Distritos urbanísticos y calidad y características de los inmuebles y programar y distribuir territorialmente las obras públicas mejorando las condiciones urbanas del conjunto de los barrios de la ciudad. Además podría consensuarse con los entes prestatarios de servicios urbanos, acciones conjuntas para evaluar el estado actual de las infraestructuras y, de ser necesario, programar las inversiones en obras que eliminen los riesgos de colapso ante el desarrollo inmobiliario.

Otra asignatura pendiente es el tratamiento legislativo de una política integral de rehabilitación urbana que permita proteger y recuperar el valioso stock construido en la ciudad de Buenos Aires, adecuando según los casos las normas de edificación y habitabilidad, evitando demoliciones innecesarias que paulatinamente van destruyendo edificios de gran calidad arquitectónica y valor patrimonial histórico.
La realidad descripta y puesta en la agenda pública por los vecinos, impone el cumplimiento no solo de las asignaturas pendientes antes mencionadas en materia de políticas urbanísticas y de planificación, sino también de políticas estructurales que apunten al largo plazo, promoviendo un desarrollo urbano más equilibrado, más equitativo y sustentable desde el punto de vista ambiental.
Más argumentos para el debate


El reciente fallo de la justicia porteña que obliga a suspender el otorgamiento de permisos de obra para nuevos edificios en dos áreas del barrio de Palermo (Las Cañitas y La Imprenta), y que se suma al anterior fallo para el barrio de Caballito y a las medidas implementadas por el ejecutivo porteño en el 2006 a través del Decreto 1.929, incorpora más argumentos al debate en torno a la densificación indiscriminada en distintos distritos residenciales de la ciudad de Buenos Aires. Paralelamente, la situación se hará más crítica dado que ya se han presentado otros 10 amparos (y es de presumir que los mismos se multiplicarán al infinito)

A las demandas ya planteada por los vecinos al GCBA , preocupados por el posible colapso de las infraestructuras de servicios de agua, cloacas y electricidad, el aumento del tránsito y la polución ambiental y la pérdida de la fisonomía de barrios tradicionales de casas bajas, se suman los argumentos esgrimidos por la justicia: la necesidad de prevenir eventuales daños futuros, solicitando se realicen estudios que determinen qué impacto ambiental provocaría la construcción de los nuevos edificios proyectados.

Esta suspensión judicial del otorgamiento de permisos de obra para nuevos edificios que llega pocos días antes de la finalización de la veda de 90 días impuesta por el gobierno porteño vuelve a plantear conflictos políticos y jurídicos.

Como se ha señalado en múltiples debates y encuentros públicos con la participación de organizaciones barriales, de profesionales, de académicos, de funcionarios, de empresarios y de dirigentes políticos, el Estado local debería cumplir con el mandato constitucional, formulando cuanto antes una política de planificación urbana y ordenamiento territorial acorde a las actuales dinámicas urbanas y demandas sociales. La reformulación y aprobación de una política de desarrollo urbano y de un plan con lineamientos estratégicos a partir del cual se deberán actualizar las normas de usos del suelo, especialmente el Código de Planeamiento Urbano (CPU).

En cuanto al Plan Urbano Ambiental presenta por lo menos tres problemas graves. De un lado requiere actualizar e incorporar ciertos ejes de debate, por ejemplo, los criterios de densificación residencial deseables en la ciudad en general y en cada una de sus áreas o barrios; definir con mayor precisión cuáles son las áreas a preservar y cuáles las de renovación urbana. En segundo lugar, y frente a este debate, el PUA debería actualizar y hacer mayor hincapié respecto de la inversión pública en infraestructura de servicios y transporte, necesaria para el modelo territorial propuesto. En tercer lugar, deben tenerse en cuenta las dificultades del procesamiento técnico y político del PUA que demandó una elaboración de cinco años y otros seis de intentos fallidos o tibios de aprobación en la Legislatura.

Por lo tanto, consensuar un Modelo de ciudad y un Plan urbano que lo exprese y que oriente las inversiones públicas y privadas conforme a escenarios de desarrollo económico – territorial sustentables sigue siendo una asignatura pendiente y el marco necesario para discutir y encauzar los procesos de densificación urbana.

El estado local debe recuperar su papel de promotor del desarrollo urbano y definir reglas de juego claras para la inversión inmobiliaria en la ciudad promoviendo o preservando áreas conforme a un conjunto de parámetros urbanísticos, fiscales, ambientales, económicos entre otros. Para ello deberán ponerse en marcha instrumentos, procedimientos, estrategias y proyectos capaces de articular distintos intereses propios de una metrópolis como Buenos Aires.

Por eso resulta fundamental que la Ciudad no deje librado al dictámen y regulación de las empresas prestatarias de servicios públicos, la potestad de otorgar la factibilidad de un emprendimiento inmobiliario. Por dos razones: la primera, porque se expedirán sobre un caso en particular y no sobre el impacto conjunto de varios emprendimientos en la zona (o peor aún en la misma manzana). La segunda por que se trata de una nueva delegación a una entidad nacional respecto de problemáticas de la Ciudad, siendo esto una nueva lesión a la autonomía de la misma.

Por otra parte, si bien los amparos expresan los derechos de algunos ciudadanos; la realización de obras conforme a lo que permite una ley como el Código de Planeamiento Urbano debería expresar los derechos del conjunto. El problema, en todo caso, es que el Código vigente no fue hecho acorde a lo que prescribe la Constitución de la Ciudad, ya que no ha sido formulado a partir de un modelo de ciudad expresado por un Plan, sino que a ha respondido a los intereses sectoriales, específicamente del mercado inmobiliario, con la anuencia o la impericia, o la pasividad de los legisladores de turno, en cada una de las últimas actualizaciones del CPU (2000, 2003, 2006).[1]

En síntesis, el Código necesita ser revisado profundamente y enmarcarse constitucionalmente en un modelo de ciudad contenido en un Plan (Estratégico, Urbano Ambiental, etc.) que prefigure los escenarios de desarrollo urbano futuros consensuado con los vecinos y distintos actores sociales, políticos y económicos de la ciudad. La judicialización de este conflicto no hace más que lesionar la autonomía de la ciudad y dispersar los esfuerzos de contención a la especulación inmobiliaria. La normativa urbanística debe ser ejercida exclusivamente por el Gobierno de la Ciudad sin delegar a la órbita federal (empresas, poder judicial, etc.) la potestad de otorgar permisos.


[1] Por ejemplo, mientras que el PUA llevó cinco años de debate, la aprobación de la actualización del Código del 2000 (que fue la versión del Código que dió lugar a la intensificación de la densidad en los distritos residenciales) se definió a las apuradas, la última noche de sesión legislativa previa a la asunción de Ibarra.

MAS APORTES PARA EL DEBATE

Diario PAGINA 12, 12 de Enero de 2007.-
LAS TORRES, LAS TORRES

Por Marcelo Magadan *
La solicitada publicada en Clarín el jueves 4 de enero de 2007 por un grupo de instituciones vinculadas con el negocio inmobiliario, con el sugestivo título de “El Corralito de Telerman”, reaviva la discusión acerca de la construcción de edificios en torre en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires.La solicitada hace referencia a los contenidos del decreto que frenó por unos días la construcción de edificios en torre en ciertos barrios de la ciudad. Entre las instituciones que firmaron la solicitada están la Sociedad Central de Arquitectos y el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo.Ahí se plantea una visión reduccionista del problema, basada en el argumento de que sólo alcanzaremos el progreso y la ciudad tendrá un futuro venturoso si se construyen torres. El discurso afirma equivocadamente que esta tipología es la que dará acceso a la vivienda a los sectores de medios y bajos recursos de la población. Parece redundante señalar que los primeros suelen acceder con no pocas dificultades a la vivienda propia –y no precisamente a las unidades que ofrecen la mayoría de las torres en construcción– y los de bajos recursos no tienen posibilidad alguna de hacerlo por la relación que existe entre sus ingresos y el costo del metro cuadrado nuevo en cualquiera de los barrios en cuestión.En esto la solicitada coincide con un artículo de opinión aparecido dos días antes en el suplemento de Arquitectura de ese mismo diario, firmado por el presidente del CPAU, Francisco Prati, a quien imagino en incómoda posición para alguien que tuvo a cargo durante muchos años el manejo de las Areas de Protección Históricas de la ciudad.En lo personal, entiendo que la discusión no pasa por las torres. Las torres son el emergente de un problema más grave: la falta de determinación de la ciudad que queremos. Para ello se necesita de una planificación clara y sostenida. La sociedad debe consensuar qué futuro desea para Buenos Aires de aquí a 30 o 50 años. En ese marco habrá zonas sometidas a procesos de renovación urbana con torres incluidas, otras que serán rehabilitadas y otras más que deberán conservarse.Actualmente el problema no es tanto el de la transformación, sino la escala de lo que se construye en reemplazo de lo existente y el impacto que estos nuevos edificios tienen sobre el entorno inmediato y no tanto. No estaría de más pensar en alternativas para lo nuevo, alternativas que tengan una escala más acorde con el entorno en el que se insertan. Recordemos que la ciudad posee un parque edilicio que puede ser recuperado y este tipo de operatoria también da trabajo a los profesionales, a las empresas y a los operarios de la construcción. Y también genera ingresos para el Estado y posibilidades de inversión y beneficio para los capitales inmobiliarios, con el plus que implica el respeto por la historia, el ambiente y la voluntad del vecino.Recordemos que la Constitución de la ciudad, a través de su artículo 32, garantiza la preservación del patrimonio cultural, la memoria y la historia de la ciudad y sus barrios.En el mundo se habla del desarrollo sostenible de las ciudades y esa visión no sólo contempla lo económico en el corto plazo, sino también los compromisos que les hacemos adquirir a quienes no pueden defender sus derechos: las generaciones futuras, de cuyos recursos somos depositarios.Para llevar adelante una ciudad con futuro hace falta orden y el orden lo debe poner el Estado, teniendo en cuenta las demandas y los intereses de todos los actores, no sólo de aquellos que pueden tener mayor capacidad de presión política.Es una falacia pensar que se detiene el progreso del país porque no se construyen torres en Buenos Aires. Frente a los derechos adquiridos de los capitales inmobiliarios, están los derechos adquiridos de quienes eligieron un barrio para vivir, algunos desde hace años y otros desde siempre. Hoy no hay terrenos vacantes en la ciudad. Se construye demoliendo. Y estas destrucciones son para siempre.Existe frente a esto una responsabilidad social ineludible de las empresas, de los profesionales y de las organizaciones que nos representan. Hay que encontrar otras formas de hacer negocio sin hipotecar nuestro futuro.
* Experto en Restauración (y habitante de Buenos Aires).

NO TERMINA EL DEBATE

Las torres y la gente

MIGUEL JURADO. Editor de Diario de Arquitectura
Las torres son más que un problema urbano en todo el mundo. Son un problema social. Además de las conocidas polémicas que encendieron en los barrios porteños, ahora amenazan con destruir el tejido tradicional de Shangai, pueblan la periferia de París y se proyectan con formas inéditas en Beijing y San Petersburgo. Para no desentonar con el mundo, el arquitecto Julio Torcello propone construir el rascacielos más alto del globo en Buenos Aires.Pero en ningún lado, las cualidades de las torres son discutidas (aprovechamiento racional de los recursos, buena iluminación y ventilación). Se podría decir que son atacadas porque se las ve como estandarte de una renovación urbana que quita más de lo que aporta. No sin razón, Frédéric Edelmann y Emmanuel de Roux, en su nota sobre París, identifican el fracaso de las torres europeas en una falla conceptual: se construyen como objetos únicos, no se integran al entorno inmediato. Es decir, a sus pies generan la temida "tierra de nadie".En Shangai, donde las torres se construyen por decreto, sin ningún tipo de audiencia pública con los vecinos, los especialistas detectan que los mil rascacielos que se piensan construir en los próximos diez años acabarán con la vida comunitaria de la calle tradicional.Está claro que los problemas que generan las torres no son inherentes a esa tipología sino a la forma en que son diseñadas. En Nueva York, donde existen cerca de 2 mil rascacielos, la calle sigue manteniendo su vitalidad y los basamentos de las torres del downtown proponen nuevos recorridos y espacios públicos para los peatones.El secreto está a la vista, las torres se hacen famosas por todo lo novedoso y llamativo que muestran del piso 15 para arriba. Pero, se ganan un lugar entre los vecinos por todo lo que puedan regalarle al espacio urbano, a la gente común.

LAS CONSTRUCTORAS NEGREAN

ALBAÑILES DE EDIFICIO DE LUJO, EN NEGROY PESIMAS CONDICIONES EN VILLA URQUIZABUENOS AIRES
Feb 2 (DyN) - El Ministerio de Trabajo encontró hoy 22 trabajadores en negro y en malas condiciones laborales de higiene y seguridad, en la obra en construcción de un edificio de lujo en el barrio porteño de Villa Urquiza. Allí, "12 argentinos y 10 paraguayos fueron hallados prestando servicio, sin haber sido declarados por sus empleadores, sin condiciones de seguridad e higiene mínimas y durmiendo en el propio lugar de trabajo en forma hacinada", reveló a DyN una autoridad del Ministerio de Trabajo.© El operativo se realizó en Baunes 1956, donde se proyecta levantar un edificio de 17 pisos, con cocheras y pileta de natación, a un valor de 3.000 dólares el metro cuadrado. Ya a fines del año pasado, los inspectores de Trabajo se habían presentado en esta obra y habían hallado las mismas irregularidades, tras lo cual multaron a sus responsables. A pesar de esto, una vez pagada la multa, la obra continuó en las mismas condiciones. El subsecretario de Fiscalización del Trabajo y la Seguridad Social, Julio Casavelos, indicó a DyN que "se trata de una sociedad anónima constituida a los fines de esta obra", pero remarcó que "no apareció ningún empleador, estaban los trabajadores solos". "Es una vergüenza, una torre de 17 pisos, con pileta de natación, con un valor de 3.000 dólares el metro cuadrado, utilizan trabajadores en negro para levantarla", remarcó Casavelos.

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CONTRA LA INTIMIDACION

Diario UNO, Santa Fe.

El PaísLos vecinos y los constructores de torres no llegan a un acuerdoVecinos del barrio de Caballito que se oponen a la construcción de dos torres de 34 pisos

Vecinos del barrio de Caballito que se oponen a la construcción de dos torres de 34 pisos cada una no llegaron a un acuerdo con la empresa a cargo de la obra en la mediación llevada a cabo ayer a la tarde en un estudio jurídico del centro porteño.Las partes volverán a juntarse en una instancia conciliatoria que se desarrollará el 30 de marzo, aunque las asambleas barriales anticiparon que continuarán con las protestas.La empresa constructora demandó por daños y perjuicios a Gustavo Desplats y Mario Oybin, dirigentes de las asociaciones Proto Comuna Caballito y SOS Caballito, respectivamente, que encabezan las movilizaciones para oponerse a la obra.“Estuvimos reunidos con representantes legales de la constructora, nos han expresado que hemos causado un daño con las protestas y que sus derechos de desarrollo económico se han visto afectados”, aseguró uno de los vecinos.La acción judicial está motorizada por la empresa Koad S.A., que construye el complejo Nuevo Caballito y está asociada a la multinacional Irsa, del magnate George Soros, que es dueña del terreno y “va a recibir 25 por ciento de las unidades funcionales como su parte en el beneficio”, según Desplats.“Estamos realizando la marcha número 21, defendiendo la calidad de vida, hemos acordado presentarnos el día 30 de marzo en una nueva instancia en la cual presentaremos muchos de los reclamos por los cuales consideramos la ilegalidad de la obra”, manifestó uno de los representantes vecinales.

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EL APRIETE A LOS VECINOS MOVILIZADOS

El apriete está de moda
La gente sale a protestar contra las torres y la edificación indiscriminada. Y las constructoras responden con intimidaciones judiciales y juicios civiles por daños. Un nuevo caso en Villa Pueyrredón ya bordea el ridículo.


Por Sergio Kiernan

A la empresa constructora Leonides no le gusta la parte de la Constitución que deja explícito que los argentinos tienen derecho a manifestarse y protestar. Esto es porque los vecinos de una de sus obras en la calle Artigas, en Villa Pueyrredón, llevan varios meses protestando e intentando que se atiendan sus denuncias de irregularidades. Esta semana, Leonides instruyó a su abogada Silvia Scataglini para que envíe una dura carta documento a algunos de esos vecinos exigiendo un pago de seis mil pesos por supuestos daños a la valla que cierra la obra. La letrada no tiene empacho en explicar que nadie espera ver ni un centavo: “El único objetivo es que los vecinos nos dejen en paz”, dijo a Página/12.
Leonides es una empresa de mediano porte que se enorgullece en diseñar, construir, financiar y vender sus propios edificios. La obra de Artigas 5277 es de seis pisos y con todo lo que la moda marca en materia de departamentos modernos: techos reglamentarios, no sea cosa de regalar algún centímetro, SUM, porcelanatos y la más estricta falta de imaginación o creatividad en arquitectura.
El lote de la calle Artigas, con las fajas de clausura y pintadas al pasar que parece que no merecen una demanda, como las de los vecinos. En el detalle, el cartel de permiso de obra con fecha 20 de diciembre, bastante después de la demolición.
El problema para Leonides es que comenzaron sus trabajos en plena efervescencia antitorres y, aunque su obra en Villa Pueyrredón es pequeña, los vecinos ya tenían contadas tres docenas de demoliciones y construcciones en pocas cuadras de un barrio todavía más de casas que otra cosa. Estos mismos vecinos se dirigieron a la Dgfoc, la dirección general que fiscaliza las obras en la ciudad, donde les dijeron que el solar de Artigas 5277 estaba ocupado por una casa: no había ni rastros del permiso de demolición, del de obra o de los planos de lo que se quiere construir. La carencia total de estos documentos obligatorios hizo que la Dgfoc finalmente inspeccionara el lugar y le hiciera correr la valla a la empresa, ya que ocupaba más de lo permitido en la vereda.
El 17 de diciembre, una tormenta derrumbó la valla. Y el 19 de diciembre la Dgfoc clausuró la obra pero, para asombro de los vecinos, los trabajos siguieron como si nada. El once de enero de este año, la obra fue nuevamente clausurada y al día siguiente los vecinos hicieron una clausura simbólica. Alguien, entonces, hizo una pintada que decía “Obra sin permiso”.
Esta pintada es la que origina el apriete de la constructora a los vecinos. Como la firma Leonides no puede identificar a la persona que la hizo, su creativa abogada les envió la carta documento a los habitantes del edificio lindero, decidiendo que debían ser responsables por su presencia constante en las protestas. La doctora Scataglini escribió que “en dos oportunidades han pintado las vallas de mi representada” (al parecer, sólo una, ya que a fines del año pasado se pegaron unos cartelitos) y por tanto tienen que pagar “pesos seis mil”. Con esa estupenda falta de respeto que tienen los textos legales, la carta intima a pagar en tres días corridos y se reserva el derecho de accionar. La letrada no quiso hablar demasiado del tema –ya había salido por las radios y la empresa le pidió bajar el perfil– pero sí aclaró que el objetivo no es cobrar: “Es que dejen de pintar y protestar”.
Foto: Jorge Larrosa
En medio de estos legalismos apareció uno peculiar: el cartel de obra, conspicuo ausente en la famosa valla. El cartelito, que es obligatorio, indica que el permiso de obra fue emitido el 20 de diciembre. Si eso es cierto, Leonides ya llevaba un buen rato trabajando sin permiso, por ejemplo con la demolición de la casa preexistente.
Este caso aparece como una miniatura –un Mini Me– de lo que inventó KOAD S.A., una empresa mucho mayor que construye dos torres de 34 pisos, 120 metros de altura y 42.000 metros cuadrados en Caballito. El gigantismo de la obra desesperó a los vecinos, que hicieron varias marchas protestando. En una, donde había 250 personas, alguien hizo una pintada en el acceso principal del obrador en Vallese 753. KOAD le inició una demanda civil a Mario Oybin, de SOS Caballito, a Gustavo Desplats, coordinador de la Protocomuna Caballito, y a la Protocomuna misma, lo que es un error de principiantes ya que una asociación civil mal podría hacer una pintada, acto humano y no civil. Los demandados y la demandante ya tuvieron su audiencia obligatoria de mediación el 19 de febrero y se reencuentran el 30 de marzo. Nueve días antes se realiza otra protesta junto a asambleístas de Gualeguaychú y Esquel, que también fueron demandados por la minera Meridian Gold.
Evidentemente, las constructoras percibieron que hasta el paquidermo burocrático reacciona ante los vecinos en la calle y que los porteños simplemente no quieren ni torres ni una ciudad con densidades de Hong Kong. Y están probando la chicana legal para frenar las protestas. La estrategia no parece funcionar –las marchas y actos seguirán– y habrá que ver qué dicen los tribunales.

Ver: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-1145-2007-03-03.html

LA NELLY y LAS TORRES






domingo, febrero 18, 2007

CINCO BARRIOS CONCENTRAN CASI EL 50% DE LO QUE SE CONSTRUYE

Diario INFOBAE, 18 de Febrero de 2007.-

Cinco barrios concentran la mitad de la construcción
El Gobierno porteño justificó la normativa para la edificación de nuevas torres, dado que el 46% de los proyectos se tramitaron para Caballito, Palermo, Coghlan, Villa Pueyrredón y Villa Urquiza


El ministro de Obras Públicas porteño, Juan Pablo Schiavi, justificó este viernes la nueva normativa para la construcción de grandes torres en la Capital Federal, al señalar que en los cinco barrios comprendidos en las restricciones se concentra el "46%" de las edificaciones."El 46% de la construcción está concentrada en estos barrios. Son los barrios que han tenido el mayor nivel de explosión y de crecimiento", explicó Schiavi al referirse a Caballito, Palermo, Coghlan, Villa Urquiza y Villa Pueyrredón.En este sentido, el funcionario dijo que el decreto firmado por el jefe de Gobierno, Jorge Telerman, apunta a resolver los "problemas con las cloacas y el agua", que se producen en esas zonas a partir de la edificación de nuevas torres.La medida, por la que aquellos que quieran construir grandes edificios deberán obtener previamente un certificado de factibilidad de agua potable y desagües domiciliarios, tiende a endurecer las normas para la construcción.E en el barrio de Núñez también estaba involucrado, aunque allí no ser obligatorio, porque las autoridades, durante el período de suspensión de las obras, no se detectaron inconvenientes de factibilidad sanitaria, como sí lo hicieron en las otras zonas.Estas resoluciones para regular la construcción de grandes edificios en distintos barrios porteños fueron cuestionadas por vecinos de esas zonas, quienes señalaron que no ofrecen "ninguna garantía".Sin embargo, Schiavi indicó que "hay problemas de infraestructura que podrían llegar a ser graves si no se toman medidas".En ese sentido, agregó: "Tenemos un problema con las cloacas y el agua. Hace muchísimo tiempo que no se invierte un peso, tenemos como dato un 38% de pérdida de agua en la red de la ciudad de Buenos Aires".Destacó, en la misma línea, que "hay que bajar las medidas de impacto ambiental en estos barrios". Para esto, los constructores que quieran edificar en esos barrios deberán presentar un certificado de factibilidad de agua potable, que ser extendido por la empresa estatal sanitaria AySA.La nueva normativa exige, además, que toda edificación de esos cinco barrios que tenga 5 mil metros cuadrados o m s deba presentar una "evaluación ambiental" para que le autoricen la obra.Asimismo, Schiavi explicó cómo se gestó la normativa firmada por Telerman, que constó de tres pasos hasta que terminó siendo efectiva."La primer medida que se tomó fue la firma de un convenio con la empresa de aguas para que cada construcción que se haga en estos lugares, pida un certificado de aptitud técnica, para garantizar tener la calidad del servicio público", sostuvo."El segundo punto es bajar las medidas de impacto ambiental en estos barrios. La ley plantea que edificios de más de 10 mil metros cuadrados de construcción tienen que estar sometidos a estudios de impacto. Lo vamos a bajar a 5 mil", indicó.En ese sentido, y como tercer punto, destacó que se envió a la Legislatura un Plan Urbano Ambiental, "que es como la Constitución del urbanismo".Por su parte, estas medidas fueron cuestionadas por vecinos de esas zonas, quienes señalaron que no ofrecen "ninguna garantía" sobre la posible construcción "aceptada" de las torres.Así se expresó Mario Oybin, integrante de la Asociación SOS Caballito, quien además dijo que con las medidas anunciadas en la víspera se pone el acento en la provisión de agua para esos nuevos edificios, pero no en la "fisonomía" de los barrios."Para que estos edificios puedan construirse, se deber pedir una autorización a Aysa, para ver si hay factibilidad de aguas y cloacas. Si en 30 días esta empresa no dice que no, se considera como un sí, y esto no nos da ninguna garantía", manifestó Oybin, en declaraciones radiales.Agregó que "el Gobierno de la Ciudad plantea que el problema central está en el servicio de Aysa, y nosotros los vecinos no sólo hacemos hincapié en Aysa, sino que decimos que hay un colapso en todos los servicios públicos, como el abastecimiento de energía eléctrica, que es calamitoso. Y por otro lado lo que estamos reivindicando es la fisonomía del barrio".Ante las medidas, Oyvin opinó que "habría que volver a un estado catastral de la ciudad de Buenos Aires que tome en cuenta la fisonomía del barrio que está en la Constitución de la Ciudad"."Otro problema es que los garages han sido destruidos para la creación de estos edificios, por lo que no hay lugares en donde estacionar hoy en día en Caballito", sostuvo."Esto tiene que ser manejado por arquitectos que manejen la situación del barrio y entiendan el tema", sentenció.

CONFERENCIA DE PRENSA

Estimados vecinos y amigos:
Una empresa demanda a dos vecinos por haber protestado contra la construcción de dos torres de 34 pisos(mas de 110 mts. de altura) en una manzana de casas bajas, que ya sufre el colapso de los servicios público, como ya ha reconocido el Jefe de Gobierno de nuestra ciudad. Es cierto que los porteños ya estamos acostumbrados a este mundo al revés, pero no dejo de sorprenderme que en un sistema democrático unos señores se consideren con derecho a prohibirle al prójimo el ejercicio de sus derechos. Los vecinos no nos vamos a amedrentar con estos operativos "con que las constructoras quieren prepear a los de Caballito" (Sergio Kierman en Pagina 12, 17/02/07)) y seguiremos luchando por la calidad de vida de nuestras familias. El 19 de febrero a las 15.30 hs los esperamos en Uruguay 572, cuando finalizada la entrevista de mediación con la empresa KOAD, concretaremos en compañía de los vecinos que nos acompañaron en esta lucha, una conferencia de prensa para comentarle a los medios las razones que argullen para acusarnos por daños y perjuicios.

SOS CABALLITO
Mario Oybin
15-4474-6455
Letrado: Osvaldo Sidoli
154989-0089